Nacen de la guitarra de mi boca,
de la boca del mundo,
de la bucólica boca,
los humos climáticos propios de aquellos países fértiles
–de esos que desaparecen en las postales–
y se crea, de pronto,
un racimo de nieve.
Nacen de la guitarra de mi boca,
de la boca del mundo,
de la bucólica boca,
los humos climáticos propios de aquellos países fértiles
–de esos que desaparecen en las postales–
y se crea, de pronto,
un racimo de nieve.
